miércoles, enero 09, 2008

Prólogo "Gestalt de Vanguardia"

Que si este u oeste, que si vestir a un santo para desvestir a otro, no creo que haga falta despreciar a unos para apreciar a otros.

Todos valen su precio en oro y las enseñanzas que dejaron los tres han sido vitales, ¿por qué tanto odio?

Diga lo que diga me quedo con los tres ( Laura Perls, Fritz Perls y Paul Goodman ) reconociendo sus éxitos y hurgando en sus fracasos, como humanos que son. El que no reconoces su errores esta condenado a no evolucionar.

Puedes descargarte el prologo del libro de Claudio naranjo pinchando aqui
extracto:

Es entre aquellos que han llevado su experiencia de la Gestalt a las terapias mintegrativas y eclécticas, a los existencialistas y terapeutas de grupos diversos –que ya no llevan el nombre de gestaltistas— que podemos reconocer el mayor y más fecundo impacto del legado de Perls en las últimas décadas; pues la historia de la Gestalt propiamente tal desde la muerte de Perls, puede considerarse la historia de una contrarrevolución –a través de la cual este movimiento originalmente revolucionario y de naturaleza contracultural se ha queridodomesticar en cierto modo, haciéndolo más aceptable a las instituciones gremiales y académicas aunque mcon sacrificio de su espíritu. Dije tambiénentonces, y repito, que poco me ha gustado ver en años recientes cómo, al ir internacionalizándose la Gestalt, lo que va internacionalizado es predominantemente esta Gestalt contrarrevolucionaria, de tal mmodo que el fenómeno toma la forma de una colonización. Resulta de ello,
desgraciadamente, que las personas más apoyadas por el gobierno y las
universidades son los más cercanos a la Institución oficial de la Gestalt, en tanto que los gestaltistas que podríamos llamar más “californianos” o “latinos” —es decir, aquellos que representan más la herencia directa de Fritz Perls que el espíritu disidente de Laura, quedan relativamente marginalizados.

Al disponerme a dar término a este libro a través de esta introducción tengo tantos años como Fritz cuando, poco antes de cumplir sus 70 inspiró entre sus discípulos la idea de festejarlo con un Festschrifft, y como testigo del movimiento gestáltico a través de largos años puedo decir que una desvergonzada tergiversación de la historia ha acompañado a una usurpación. Y dicen las actuales autoridades de la Gestalt que no sólo no ha sido Fritz el padre de la Gestalt (sino sólo uno entre varios “cocreadores”), sino que ni siquiera ha sido su mejor exponente. (Paul Goodman se lleva la palma en lo teórico, Laura en ejemplariedad humana, tal vez Isador From en la apreciación justa de las cosas). Si se lee el libro acerca de Fritz publicado en los 90 por Petruska Clarkson, por ejemplo, debemos creer (y seguramente la misma autora lo cree) que Fritz ni siquiera hizo terapia después de migrar a California. ¡Sólo demostraciones de algo que mal se podría llamar Gestalt! Como testigo presencial de esa época, y más, como alguien que fue profundamente ayudado por los talleres de Fritz en el Instituto Esalen (después de años de psicoanálisis) puedo dar fe de que tales talleres llamaron la atención de terapeutas de todo Estados Unidos y luego del mundo entero. Es más, dudo que estaríamos hablando de Gestalt hoy en día si la Gestalt no hubiese llamado la atención del mundo justamente a través de aquellos talleres californianos.

Aparte de la tergiversación de la historia y la denigración del creador de la Gestalt, ha echado mano la presente ortodoxia al discutible credo de que es en la teoría (cuyo mayor refinamiento se reconoce en Goodman) que debemos reconocer el meollo de la Gestalt.

No me cabe duda que ante tales afirmaciones Fritz apenas se habría dignado a decir “bullshit” (un equivalente grosero de “rollo”).

Para mejor ventaja en su pugna por exaltar a Goodman y a Laura Perls y a la vez deshacerse de Fritz, han propuesto los actuales expertos que Fritz no sólo fue un irresponsable que terminó haciéndose hippie, sino que, después de su migración a California, se volvió autoritario, se dedicó a una especie de psicodrama y ya no se le puede seguir considerando un terapeuta existencial.

Ya abundantemente he alegado en escritos anteriores que el legado más significativo de Fritz Perls es el que recibieron sus discípulos californianos en la época en que, habiendo llegado a la maestría, adoptó la postura antiteórica característica de los existencialismos y se sintió hermanado a Buber.
Con el tiempo ciertas cosas se nos hacen más prominentes a la vez que otras pasan a un segundo plano. Así como en otro tiempo lo que más me llamaba la atención era la falsificación de la historia, el dogmatismo, la denigración de Perls y la desvalorización envidiosa de la flor de su trabajo —hacia el fin de su vida en California y Canadá— lo que más me llama la atención ahora es cómo, apenas desapareció Fritz de entre los vivos, una serie de rivales a quienes su mera presencia había reducido al silencio, usurparon su autoridad, asfixiaron el carácter revolucionario de la Gestalt a través del establecimiento de una poco creativa y nada inspiradora ortodoxia, muy a tono con nuestros tiempos de neoconservadurismo