jueves, julio 28, 2005

Rebelión en todas partes,rebeldes en ninguna.

Articulo anónimopúblicado en la ACP/Indymedia Madrid

Puede que cierta clase de rebelión se esté convirtiendo en una de las mercancías de mayor venta en el mercado: es la clase de rebelión que sirve para que el mercado, por abrirse a lo que supuestamente lo combate, se refuerce globalmente.

Michael Moore se pregunta por qué lo financian las mismas empresas que dice combatir, y se responde que no saben lo que hacen, que siguen de manera ciega la lógica de la ganancia: si su producto se vende ¿A quién le importa lo que pase después? Moore utiliza la imagen de alguien que vende la soga con que le van a ahorcar porque con ello hace un buen negocio. Y concluye que él, Moore, es esa soga.

Michael Moore es a la soga con que el capitalismo se ahorcará lo que una pulga al suicidio de un perro, pero conviene que sus seguidores (sus consumidores) crean que es la mayor amenaza que el “sistema” ha conocido en su historia.

Lo verdaderamente amenazante es la ignorancia de la historia que comparten Moore y sus seguidores: lo que doscientos años de teoría y práctica revolucionarias no han logrado a fuerza de pensamiento y acción en que revolucionarios de verdad se jugaron la vida y muchas veces la perdieron , no se producirá en las butacas de los cines comiendo pop corn:

“La revolución proletaria se halla enteramente supeditada a esta necesidad que, por primera vez, es la teoría, como inteligencia de la práctica humana que debe ser reconocida y vivida por las masas. Exige que los obreros lleguen a ser dialécticos e inscriban su pensamiento en la práctica; así, pide a hombres sin cualificación mucho más de lo que la revolución burguesa exigía a los hombres cualificados en quienes delegó su puesta en práctica.” Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo.

Si omitimos “proletario” y “obrero” como denominaciones ya inútiles a los efectos. en vista de que todos somos esclavos sin más cualificación, tendremos el proyecto revolucionario real descrito con agudeza de la más vigente actualidad.

No son los consumidores – de mercancías “conservadoras” o “progresistas”, da igual- quienes cambiarán al mundo o cambiarán su mundo como seres humanos (una cosa es imposible sin la otra) sino los creadores de nuevas verdades individuales y colectivas vividas como realidad y no como espectáculo: a favor de si mismos y del futuro posible y no en contra de los “malos” de una película en que buenos, malos y extras son empelados de la misma productora y que sólo se mantiene en cartelera gracias al re-make “revolucionario” de los Michael Moore y otros propagandistas de la eternización de esta pre-historia contemporánea.