miércoles, octubre 20, 2004

Critica que algo queda

Obsesi(xi)va critica desde la revista psicoanalitica: psyche-navegante.com en la que el autor proyecta sus propias paranoias (homofobía, frustación, represwión?) desde una perspectiva intelectual a lo revista rosa, y sin ningún análisis en el que apoyar su cotilleria rencorosa.
Gestalt Therapy. Una politica del acting out

por Oscar Lamorgia

El movimiento del potencial humano alcanzó en los EE.UU. sesentistas un fulgor que reconocía su origen al amparo de la toma de distancia respecto del psicoanálisis. De allí surgieron intentos de diversa catadura ética, los que concitaban la atención tanto de acartonamientos burgueses como de militantes del flower-power. Dentro de lo más granado de tal movida se encontraba la, hoy alicaída, terapia gestáltica. Invento que, desoyendo los movimientos que desde la tumba producían Koffka; Köhler y Wertheimer, hizo de "lo vivencial" y del "aquí y ahora" sus himnos.

Es de sumo interés observar cómo los iniciadores de muchas terapias definen su cuerpo doctrinario por oposición al psicoanálisis. Lógica de la negatividad que no hace sino sostener aún más, aquello que pretende derribar. En el caso que nos ocupa, no constituye un dato menor, el desencuentro producido entre el gurú de la gestalt (Fritz Perls) y Sigmund Freud. Perls, de formación psicoanalítica previa, habríase presentado ante el maestro vienés con el fin de tener una entrevista con él. La escena fue la siguiente:

* Perls: "He venido desde Sudáfrica sólo para verlo a Ud".

* Freud: "¿Y cuándo se vuelve?"

* (.......................................)

Cuentan sus discípulos que Fritz Perls nunca pudo integrar lo que vivenció como un desaire.

A partir de ese momento, la mixtura con el orientalismo y el consumo de alucinógenos (por influencia de las técnicas chamánicas) generaron un modelo terapéutico que favorecía el hedonismo; la endogamia y las catarsis masivas.

Es evidente que ello barría con el almidón criticado a los consultorios de los analistas estadounidenses, al tiempo que precipitaba la aparición de algunos desahogos linderos con la obscenidad. Al respecto, pueden hallarse testimonios de primera mano en el libro Gestalt, aquí y ahora(1), donde, entre otras cosas, queda claro que la cohabitación entre Perls y algunas de sus pacientes no sólo constituía una práctica habitual sino que, llegado el caso, podía alcanzar estatuto teórico-clínico. No sería extraño que sus supervisiones con la "dama de hielo"(*) lo hayan enviado (efecto péndulo mediante) a las antípodas de la frialdad terapéutica.

Entre sus discípulos hispanoparlantes se encuentra Guillermo Borja, quien testimonia(2) haber tenido una relación homosexual con un paciente, lo cual repercutió en su relación con la familia de éste último (familia que, dicho sea de paso, también se hallaba en tratamiento con Borja).

Claudio Naranjo: " O sea ¿tu sentías que estabas terapizándolo a través de la relación (sexual)?"

Guillermo Borja: " Sí (…)"

El interés de este episodio radica en que tanto para Borja como para su maestro, la yuxtaposición sincrónica paciente-amante no generaba ningún obstáculo ético en el proceso terapéutico. Es más, en este caso era su norte. De más está decir que el comercio sexual entre terapéutas y pacientes no es patognomónico de algunos cultores de la terapia gestáltica, pero lo que no es ocioso señalar es que para otras escuelas, si dicha actividad tuviese lugar y fuese detectada, comportaría un serio desvío pasible de sanción.

Hace corto tiempo, Irvin Yalom capturó a través de su libro Desde el Diván , el interés por polemizar sobre esta temática desde su dimensión de desvío ético (cuando no moral).

Otra vertiente interesante es la compulsa a integrar orga(ní)smicamente(**) los opuestos afectivos que coexisten en la persona. Dos de las herramientas usualmente utilizadas a tal fin son:

* La técnica de la silla vacía: Donde el paciente va alternando en dos sillas los roles de personas involucradas en un conflicto. Allí se co(n)funden los espacios virtuales con los reales.

* La técnica de golpear almohadones: Que apunta a producir una serie de abreacciones autógenas de dudoso destino (y cuya aleatoriedad estará cifrada con arreglo a la estructura del paciente).

En tal sentido, la descarga emotiva, sumada al atravesamiento de inhibiciones varias, echa mano de recursos imaginarios; efectistas y facilitadores de que el sujeto del inconsciente quede confinado al sitial de un elemento foráneo respecto del proceso mismo.

Últimamente la gestalt ha incursionado en el estudio de la Terapia de Vidas Pasadas, habiéndose volcado varios de sus miembros a pergeñar una amalgama entre ambas. Es notable destacar que la T.V.P. refiere los problemas actuales (del famoso hic et nunc), a vidas anteriores (las que generalmente poseen ribetes faraónicos y/o epopéyicos).

¿No era que el núcleo basal de la crítica esgrimida contra el psicoanálisis sentaba sus bazas en la diatriba del pasado en pro del nunca bien ponderado Aquí y Ahora?

Según parece, lo pretérito sólo importa para ésta hibridación terapéutica si cumple con el esotérico requisito de no formar parte de ésta vida(¡?).

El movimiento del potencial humano, en tanto bastión prestigiado de la contracultura americana, supo diluir singularidades en pro de una masa distinta de aquella emergente del establishment, pero que a poco de andar puso de manifiesto su adhesión a modalidades de goce casi siempre enajenantes para el propio sujeto.

Referentes bibliográficos:

1. Gestalt, aquí y ahora. Barry Stevens y otros. Edit. Cuatro Vientos.
2. Gestalt sin fronteras. Claudio Naranjo (Compilador). Edit. Era Naciente.
3. Desde el diván. Irvin Yalom. Emecé.

(*) Mote que pesaba sobre las espaldas de Helene Deutsch.

(**) Palabra que define para esta tendencia terapéutica, la percepción corporal del despliegue energético producido en sesión.

Otras fuentes:

* Terapia de Vidas Pasadas (Técnica y Práctica). José Luis Cabouli. Ediciones Continente.
* Gestalt para principiantes. Sergio Sinay y Pablo Blasberg. Edit. Era Naciente.
* Dentro y fuera del tarro de basura. Fritz Perls. Edit. Cuatro Vientos.